Empresas de diferentes sectores exponen los resultados positivos de dar a los empleados más tiempo libre.
Tomarse más tiempo para hacer las cosas, pero para hacerlas mejor, con mayor dedicación. De eso trata la filosofía Slow Movement (movimiento de lentitud) que empieza a tomar auge en Europa.
También conocido como Slow Down, es un movimiento cultural que intenta rescatar la paz y tranquilidad del frenesí en que palpitan y viven las ciudades.
Propone tener el control del tiempo antes que ser controlados por él y andar corriendo de una actividad a otra. Además, da enorme relevancia al disponer de tiempo para salir a caminar, escuchar música y compartir.
Es una revolución empresarial que busca que los empleados no sean absorbidos por el trabajo y que, para ello, reciban la colaboración de las compañías.
Una de las formas en que varias empresas han aplicado esta filosofía es reduciendo las horas de trabajo por semana del empleado.
Según la revista Business Week, los operarios franceses, aunque trabajen 35 horas por semana en vez de 48, son más productivos que sus colegas estadounidenses o británicos. Agrega que los alemanes, que en casos han reducido la semana laboral a 29 horas, han aumentado su productividad un 20 por ciento.
Según Ricardo Charpentier, experto en Recursos Humanos, otra forma en que las empresas aplican el Slow Movement es introduciendo a las familias de los empleados en su vida laboral, mediante actividades extracurriculares. En el país una empresa que ha aplicado estas políticas con buenos resultados es Pfizer.
La filosofía se basó en el movimiento Slow Food, que nació en 1986 luego de una protesta en Plaza España, Roma, Italia, para que no se pusiera ahí un McDonald’s. Actualmente, Slow Food es una fundación con más de 83.000 miembros y con oficinas en más de 100 países, y entre las cosas que defiende está el saborear las grandezas de lo cotidiano, como la comida y la convivencia que se da con ella.
Fray ejemplo, el mejor predicador En Internet circuló recientemente una anécdota que ejemplifica un aspecto del Slow Movement, que busca generar un ambiente de trabajo menos coercitivo y más alegre.
Su autor y protagonista es anónimo: “Cuando fui a Suecia, uno de mis colegas me recogía todas las mañanas para ir a trabajar. Llegábamos temprano y él estacionaba el auto muy lejos de la entrada a la empresa. El primer día no hice comentario alguno, tampoco el segundo.
Luego, con más confianza, le pregunté: ¿Tienen lugar fijo para estacionar? Pues noté que llegamos temprano, con el estacionamiento vacío y usted deja el coche al final...”. Él respondió: Como llegamos temprano tenemos tiempo para caminar, y quien llega más tarde, ya va retrasado y es mejor que encuentre lugar más cerca de la entrada. ¿No te parece?”.
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